|
16 de Junio de 2008
Hace ya 27 años, Joaquín,
México vivía su boom petrolero, con todos los claroscuros que significó la
explotación de los enormes yacimientos del Golfo de México descubiertos casi a
finales del sexenio echeverrista.
En pleno boom ocurrió el
desplome de los precios del petróleo.
El Presidente José López
Portillo tenía dos opciones: la propuesta por el Secretario de Patrimonio y
Fomento Industrial José Andrés de Oteyza y la del director de Pemex Jorge Díaz
Serrano.
Díaz Serrano, conocedor de la
industria, proponía rebajar los precios
para conservar los clientes. López Portillo prefirió el consejo de De Oteyza y
no bajó los precios.
Y sobrevino un colapso económico.
Con la divisa de que el
Presidente no se equivoca, Díaz Serrano renunció.
Dos años después, ya
Presidente Miguel de la Madrid, Díaz Serrano fue el chivo expiatorio de los
errores de López Portillo. Era senador. Fue desaforado, juzgado y enviado a la
cárcel.
Nunca ha desahogado Díaz
Serrano ningún resentimiento contra López Portillo o contra quienes lo
persiguieron.
Hombre íntegro y leal por
siempre, Díaz Serrano no se ha prestado a ser instrumento para denostar a
quienes fueron sus jefes.
La historia vale, Joaquín, porque todos los
adversarios del Presidente Calderón y del PAN tientan a Santiago Creel a
declarar contra ellos, a desahogarse. A dañar a Calderón y al PAN.
Creel decidirá si desahoga su
explicable descontento, sí cede a la tentación.
O si, como Jorge Díaz Serrano,
calla por respeto a sí mismo.
Porque cuando uno pierde el
respeto a sí mismo, Joaquín, pierde todo, hasta la dignidad.
|