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7 de Julio de 2008
Hace
tiempo, en la capital de un Estado del centro de la República, secuestraron a
un niño de tres años. Empezaron las llamadas para pedir rescate. Los padres del
niño denunciaron el caso a las autoridades. Las investigaciones descubrieron
que las llamadas eran hechas de un teléfono público. Se bloquearon algunos de
los teléfonos públicos y se dejaron funcionando sólo unos cuantos, en los
cuales se montó vigilancia.
Se
detuvo al secuestrados que hacía las llamadas. El gobernador ordenó se le
interrogara con violencia, pues la vida del niño corría peligro. El
secuestrador confesó.
El
niño estaba en una vivienda en una pequeña comunidad. Para evitar enfrentamiento
con la comunidad, se montó una operación relámpago. En menos de 15 minutos la
policía estatal irrumpió en la comunidad. Detuvo a los secuestradores y rescató
al niño.
El
comisionado de derechos humanos de la entidad indignado acudió al gobernador y
le reclamó la tortura a que había sido sometido el secuestrador.
El
gobernador le ofreció abrir una cadena de radio y televisión para que hiciera
la denuncia, pero que también aparecería el gobernador para pedirle a la
población decidiera si valía la pena torturar a un secuestrador para salvar la
vida de un niño de tres años.
El
ombudsman prefirió guardar silencio. No denunció.
Este
lo cuento, Joaquín, en un intento de entender el silencio de las ONG de
derechos humanos sobre los hechos de la discoteca “News Divine”.
Supongo, que como el comisionado estatal de derechos humanos de la
historia, tendrán sus buenas razones
para callar.
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