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5 de Agosto de 2008
El
asesinato contra el joven Fernando Martí y el asesinato de una familia en
Jalisco han venido a mostrar la grave crisis de seguridad que asola a la
sociedad mexicana.
Hay
indignación y nerviosismo en la sociedad mexicana porque de pronto nos
empezamos a dar cuenta de que el Estado, los gobiernos federales, estatales y
municipales tienen cada día más dificultades para garantizar la seguridad de
las vidas y bienes de los mexicanos.
Esa
es la primera obligación de un Estado.
Un
ejemplo. Esa garantía le permitió a los comunistas chinos hacerse del poder. En
1946, los territorios controlados por
los nacionalistas, apoyados por Estados Unidos, eran asolados por el pillaje,
el secuestro y los asesinatos.
Y
contaba el periodista Teodoro White como al viajar a los territorios
controlados por los comunistas para entrevistar a sus líderes la situación
cambiaba. Los comunistas no permitían ni pillaje ni secuestros ni asesinatos.
Aunque los responsables fueran sus propios soldados, eran fusilados.
Y
decía White: “… Ví en los territorios comunistas el germen de un Estado, supe
que ganarían los comunistas. Cumplían con la obligación primaria del Estado,
garantizar la seguridad de la vida y bienes de los ciudadanos”. No había
impunidad.
En el
México de 2008 hay impunidad. Se cambian leyes, se endurecen penas, pero sigue
la impunidad. Y la complicidad de algunos cuyo trabajo debiera ser la
protección de la sociedad.
Por
eso, el Estado no cumple con su responsabilidad, su única razón de existir, no
garantiza la seguridad de la vida y los bienes de los ciudadanos.
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