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5 de Septiembre de 2008
Al
presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos José Luis Soberanes
se le vino el mundo encima por haberle puesto plazo a la renuncia de aquellos
que no cumplan con sus compromisos en materia de seguridad.
Lo
mismo que dijo don Alejandro Martí, pero al señor Martí no le pudieron decir
nada. Es políticamente incorrecto criticar al padre de un jovencito asesinado.
Pero
el doctor Soberanes no es Alejandro Martí.
Se le
fueron encima todos. Cada quien con su estilo. Desde el coloquial perredista
Javier González Garza, a quien mi abuela hubiera exigido le lavaran la boca con
jabón, hasta el Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño, quien recordó
que es sólo el Presidente Calderón el que decide quienes se quedan o van.
¿Cómo
nos atrevemos los ciudadanos a ponerles plazo a los políticos y funcionarios?
No
sabemos valorar las angustias y desvelos de políticos y funcionarios.
Agradecidos deberíamos estar que nos inviten a participar en eso que
llaman organismos ciudadanos.
Pues
no, ni eso debemos agradecerles, Joaquín, porque como lo escribió la doctora
Soledad Loaeza. Se invita a una supuesta participación de los ciudadanos para
disimular incompetencia del Estado.
Dice
la doctora Loaeza: se invoca al ciudadano como instancia alternativa al Estado,
para suplir omisiones o debilidades de las instituciones.
Ah,
pero eso sí, no invitan a cualquier ciudadano, tienen que ser los ciudadanos
correctos.
Porque ellos, los funcionarios y políticos, decidirán qué ciudadanos
participan.
Deben
ser ciudadanos a modo.
Yo
sólo cito un clásico, a Porfirio Remigio, quien dijo pa´ mí que todos…
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