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Es innegable, Joaquín, que el affaire del
acuerdo entre el PAN y el PRI ha dejado un tiradero, una confusión.
¿Y quién mejor que Andrés Manuel López
Obrador para aprovechar las circunstancias?
Si ha conseguido sobrevivir tres años a la
derrota, con imaginación inagotable, debe reconocerse, ¿por qué retrasar su
incorporación a la carrera por la Presidencia de la República?
Se alinearon las estrellas para que el
tabasqueño empiece a mover sus piezas.
Por eso Carlos Navarrete revela que Carlos
Salinas le invitó a saludar a Enrique Peña Nieto. Por eso Ricardo Monreal pide
juicio político para todos los protagonistas del affaire del acuerdo PAN-PRI.
Ha empezado el ajedrez de la sucesión presidencial.
A la fuerza de Marcelo Ebrard, López Obrador
opone su capacidad y su grupo de fieles seguidores, la mayoría por qué no tiene
a donde ir.
Nadie debe sorprenderse que el fuego del
pejismo se concentre en la figura del gobernador del Estado de México, porque
las encuestas muestran que encabeza con gran ventaja las encuestas.
Natural que haya priístas con ambiciones
personales. No es natural que las pongan por encima de las posibilidades de
triunfo de su partido.
Hace tres años la rabiosa venganza de la
profesora Gordillo, las traiciones de varios gobernadores y los errores de
Roberto Madrazo derrotaron contundentemente al PRI.
Si los priístas repiten el numerito, de
verdad, Joaquín, no tendrían remedio.
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