Café Político

 

 

Sin cartas de marear para la crisis
El caprichoso salario presidencial
Rencillas, afectan a niños con cáncer

   Aceptó el doctor Hugo López Gatell carecer de cartas de navegación para enfrentar a la pandemia del Covid 19, difícil que acepten en Palacio Nacional y en la SHCP que no hay tampoco para la crisis económica que apenas asoma su horrible cabeza.

   Reconozcamos que hace más de un siglo que un gobierno de México no enfrentaba simultáneamente crisis de salud y económica, tan graves que el Banco de México dijo preocuparse por la sola posibilidad de un desempleo masivo.

   En términos náuticos, para sortear esa tormenta perfecta no hay cartas de marear, pero en Palacio Nacional se niegan a reconocerlo y convocar a un pacto de unidad nacional, sin el cual será doblemente difícil enfrentar la implacable realidad.

 

 

Desempleo, la negación del páramo
Faccioso intento para controlar las elecciones
Turismo: supongamos un abrelatas

   Ha calculado el Banco de México una caída de ocho por ciento en la economía nacional y la posible pérdida de más de un millón de empleos formales, más los empleos perdidos en la economía informal.

   La irritación, es el sello de la reacción en los despachos gubernamentales, actitud que podría indicar que el Gobierno de la República no acepta la realidad o que, como antes, “seleccionan” que información llega al inquilino de Palacio Nacional.

   Lenta será la recuperación advierten, pero no se podrá disimular el páramo que deja la hemorragia de empleos formales e informales.  Y nos recordarán que páramo es un terreno yermo, desolado y desamparado.

 

 

Pandemia, la suerte está echada
Los alemanes ya tienen su Fobaproa
La viga en el ojo de los senadores

   No importa que en palabras del doctor Hugo López Gatell la pandemia no se irá pronto, es más, no se irá en meses, pues ya quedó claro que la decisión política de iniciar la reactivación económica y flexibilizar la contingencia está tomada.

   Fue determinante la voluntad de Palacio, pues había que llenar el vacío en el ánimo presidencial, asegurarse que los fieles no extrañen el contacto directo y, de paso, se atiende la ansiedad de tantos que, al límite, ya casi no pueden llevar pan a su mesa.

   Saben que habrá contagios, pero apuestan a que, aunque la pandemia no ceda, para muchos ya empezó a pesar más la posibilidad de volverse a ganar la vida que el temor al contagio. Entonces, todos a trabajar, que la casa pierde.