Café Político

 

 

Sólo cuarenta y seis días para serenarse
Ya son los tiempos de Carlos Urzúa
Campeche, vuelta a la página electoral 

   A cuarenta seis días de la toma de posesión del nuevo gobierno de la República, es posible que se tenga que dejar un espacio en el cual las y los protagonistas de lo que llaman la “Cuarta Transformación” dejen asentarse los ánimos todavía exaltados.

   Deben serenarse y aceptar que lo que por ahora quedó de la oposición seguirá criticando, no siempre con justicia, es cierto, pero hacer otra cosa sería aceptar su paulatina desaparición.

   Quienes ganaron el poder ya deben hacerse a la idea de que los problemas de la República, todos, dentro de 46 días serán de los ganadores, reconocer que el discurso de “miren que tiradero nos dejaron” tiene fecha de caducidad. Más cercana de lo que creen.

 

 

¿Controlarán al Poder Judicial?
Impredecible, la política petrolera
¿Aún vive el sistema anticorrupción? 

   Es una realidad que el resultado de la elección presidencial y el hecho de que sin la figura de Andrés Manuel López Obrador no la habría ganado Morena, le entregaron el próximo Presidente el control absoluto del Ejecutivo y del Legislativo.

   Por eso no es un hecho menor que el coordinador de la mayoría morenista en el Senado, Ricardo Monreal, haya emprendido una campaña contra el Poder Judicial de la Federación, con el siempre conveniente pretexto de "prevenir la corrupción".

   Si el Senado aprueba la "legislación" propuesta por el senador Monreal, a la llegada del nuevo gobierno se habrá dado un paso trascendental: el control de todos los Poderes de la Federación por el Ejecutivo Federal.

 

 

Cuando nos alcanza la impaciencia
Un atisbo de la estrategia de seguridad
¿Y el sistema nacional anticorrupción? 

  Es posible que casi al final del recorrido que hizo en la periferia de las obras del nuevo aeropuerto de Ciudad de México, el designado Secretario de Comunicaciones y Transportes Javier Jiménez Espriú ya estaba, por las razones que haya sido, digamos amostazado.

   Fueron largas horas de un recorrido durante el cual el ingeniero hubo de escuchar una y otra vez los argumentos de los “macheteros de Atenco”, quienes afirmaron que rechazarán cualquier decisión que no les acomode.

   Eso explicaría que cuando llegado a los terrenos de la empresa privada que explota una mina de materiales, ya el ingeniero no quería saber quién se la hizo, sino quién se la pagaba. Y contra su habitual talante sereno, se comportó prepotente y amenazador.