Una buena lecciòn

  Después de que Mario Aburto asesinó a Luis Donaldo Colosio, hubo que designar al nuevo candidato presidencial. Se escogió al coordinador de la campaña de Colosio, al doctor Ernesto Zedillo.

  Innegable que Zedillo tenía una espléndida carrera en el servicio público y una gran capacidad administrativa, pero nunca había hecho campaña y carecía del expertise para los discursos que tienen que apelar a las emociones.

  Zedillo, que siempre ha sido un hombre realista, se vio en el espejo y reconoció que no tenía esa capacidad, pero también reconoció que si quería ganar la Presidencia tenía que hacer algo para superar esa limitación.

  Fue entonces cuando empezó a recibir eso que ahora llaman los consultores “media training”, de personas acostumbradas a los escenarios y a transmitir emociones con sus palabras.

  Logró Zedillo asimilar la capacitación y se convirtió en un orador político aceptable capaz de transmitir emociones. Lo único que no consiguió fue aprender a contar buenos chistes.

  Como sea, todo esto significó para Zedillo un ejercicio de humildad al aceptar sus limitaciones.

  Una buena lección, digo yo.