Comentario con López-Dóriga

Acostumbrarnos a la maldad

   Con razón, la atención está en la confrontación de México con el inquilino de la Casa Blanca, pero no podemos ignorar la realidad de la inseguridad, en este caso de a inseguridad en la Ciudad de México.

   Aunque las autoridades sean reticentes, no pueden volverse rutina los secuestros en la Capital de la República.

    No puede ser visto como rutinario el secuestro de un joven estudiante de una universidad del sur de la ciudad. Secuestrado el martes, dos días antes de su graduación. Se pagó el rescate y es hora que no aparece.

   Se parte el corazón al escuchar las súplicas de los padres a los secuestradores.

   Inútil el llanto de los padres, porque para las autoridades de la Ciudad de México estos actos de maldad, son cosa de rutina.

  Me pregunto, Joaquín, ¿en que nos convertiremos si nos acostumbramos a la maldad?