Lentos reflejos

  A pesar de nuestro explicable deslumbramiento con los modernos sistemas de información y comunicación, con su rapidez y comunicaciones casi instantáneas, la realidad de la actual campaña política ha venido a demostrar que hasta los más modernos y avezados, a veces, reaccionan lento, no con los rápidos reflejos de la modernidad.

  La metáfora del tigre utilizada por el candidato presidencial de Morena Andrés Manuel López Obrador ante los asistentes a la Convención Nacional Bancaria en Acapulco el pasado sábado ha levantado gran polvareda.

  Una polvareda, Joaquín, que no se levantó hace unas tres semanas, cuando dijo lo mismo en una entrevista radiofónica. No hubo la escandalera actual, sólo aislados comentarios periodísticos.

  Quizá, porque en aquel entonces, se pensó que el señor López Obrador simplemente dijo lo que piensa, lo cual no es común.

  Ahora, cuando todo mundo había escuchado su discurso escrito, conciliador, por supuesto, a la hora de las preguntas y respuestas volvió a decirles lo que piensa.

  Y, lentos, pero descubrimos cuánta razón tiene aquel pasaje bíblico: de la abundancia del corazón habla la boca.