Café Político

 

 

Se castiga lavado, no Huachicoleo
Encinas, el reto de otra caravana
El espejo reflejó imagen de salvajes

   Es más fuerte el Estado, dijo la Secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero a los coordinadores de las bancadas de las dos Cámaras del Congreso. Hablaba, obviamente de la ofensiva del gobierno lopezobradorista contra el huachicoleo.

   De paso los exhortó a que se aprobara la reforma que declara delito grave el robo de combustible de los ductos, almacenes o transportes de Pemex, porque, pese a todo, todavía no es delito que amerite prisión preventiva.

   Esa es la razón por la cual es vital el rol del director de inteligencia financiera, el queretano Santiago Nieto, porque hoy los “huachicoleros”, de mezclilla o de traje, sólo pueden ser castigados por lavado de dinero, no por robar combustible.

 

 

A prueba el temple de todos
¿No es ilegal la subasta de aviones?
En Chiapas hay caminos sin ley

   Ductos que se reabren, ductos que son perforados. Esa es la síntesis que hizo el Presidente Andrés Manuel López Obrador de la guerra contra las bandas criminales del robo de combustible que ha significado para Pemex pérdidas multimillonarias.

   Advirtió el Primer Mandatario que el gobierno no cederá y aseguró que al final el pueblo será el ganador en esto que calificó una “lucha de vencidas” con las bandas criminales, las mafias y sus cómplices.

   Eso significará que se hará todo para reducir el desabasto, pero que, ocasionalmente, se repetirá, porque la guerra contra la vergonzosa corrupción que significa el robo de combustible sabemos cuándo empezó, no cuándo terminará.

 

 

Decisiones: aquel 6 de junio de 1981
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   En junio de 1981, México enfrentaba ya la tormenta económica y política por la baja de precios del petróleo y la pérdida de clientes para el crudo mexicano, algo que le había dicho José Andrés de Oteyza al Presidente que no ocurriría.

    Paseaba el Presidente José López Portillo con el director de Pemex, Jorge Díaz Serrano, cuyo consejo no había escuchado, y le dijo: “… Me equivoqué, Jorge, me equivoqué en lo del petróleo”.

   Leal, Díaz Serrano le respondió: “No, señor Presidente, el Presidente de México no se equivoca”. Se fue a su oficina y redactó su renuncia, aunque no era el responsable directo del error. Eran otros tiempos, otras circunstancias, eran otros hombres.