Café Político

 

 

Congreso: ineludible, la reforma judicial
Alfonso Romo, de encargos y sofocones
Los relevos en el INE, ¿asunto de Estado? 

   Al no tener facultades la Fiscalía General de la República para presentar iniciativas de ley, tendrán los senadores morenistas que convertir en proyectos de ley las ideas de la FGR y la Consejería Jurídica de la Presidencia sobre la reforma judicial.

   Tardarán más, porque esa reforma será columna en la que descansarán las políticas públicas para atender la crisis de inseguridad y violencia que agobia a la Nación,

   Eso de las diferencias en el gabinete sobre la reforma, según quien pergeña estas líneas, fue maniobra de humo y espejos para que la angustiada opinión pública acepte cambios enérgicos.

 

 

Esperan el regreso del ogro filantrópico
El detalle faltante para firma del T-MEC
En Salud, ¿Cómo la “Güera” Rodríguez?

   No debiera ser, pero tristemente la realidad es que un Gobierno de la República que ganó con la mayor legitimidad democrática, conserve la misma narrativa de la campaña desde Palacio Nacional.

   A una población ansiosa porque la sociedad perdió la permeabilidad social hace casi tres décadas, se le ofrecen las recetas del pasado, un pasado que se idealiza en la memoria de muchos, no todos de la 4T.

  Regresa el “ogro filantrópico” advierten algunos, pero en estricto rigor en esos tiempos criticados por Octavio Paz había una izquierda con vocación democrática, con la cual se podía debatir civilizadamente.

 

 

No, la democracia no nació en 2018
EU patrocina diplomado policial
Vigencia del fantasma de Auschwitz

   Aunque no lo crean los millenials ni los centenials la democracia mexicana no nació en 2018, como afirman los pregoneros de la 4T, quienes nos dicen que hasta aquel junio no hubo elecciones limpias y legítimas.

   La transición a la democracia se facilitó por la reforma electoral de 1996, a partir de la cual las alternancias en los gobiernos fueron normalidad democrática y, por fin, se hizo una realidad el sufragio efectivo.

   Así, en 2000, por primera vez en nuestra historia el poder presidencial se entregó pacíficamente a un partido distinto al partido en el poder. Somos una democracia y es falaz decir que sin ella resolverán los históricos lastres de la pobreza y la desigualdad.