Café Político

 

Poco sutil la maniobra de AMLO
Avalanchas de expertos en reconstrucción
Todos quieren usar la generosidad juvenil

  Debe dársele crédito al dirigente de Morena Andrés Manuel López Obrador. Fue el primero que vio gran oportunidad política en la solidaridad con los damnificados por los terremotos. Hoy todos le emulan.

  Sin embargo, el tabasqueño, con el pretexto de la corrupción, no quiere que los recursos que aporte Morena sean manejados por ninguna otra entidad que no sea el partido que controla.

  Nadie dice que el dinero no será manejado escrupulosamente, pero obviamente la entrega directa de ayuda a damnificados es una ingeniosa maniobra para capitalizar electoralmente el desastre. Por imaginación no queda.

 

Debate ya arrinconó a partidos
Damnificados, ¿alcanzará la cobija?
Desastres cambian ecuación electoral

  Nunca calculó Andrés Manuel López Obrador el avispero que iba a desatar con su propuesta de donar dinero de Morena a los damnificados, porque, luego del sismo en Ciudad de México se encendió un debate más que acalorado, desaforado.

  La enconada atmósfera política ha movido a un sector importante de la opinión pública, la cual llega al extremo de exigir que ya no se financien, ni partidos ni campañas, con recursos públicos. Claro, ni a Morena.

  El escándalo es tal que ya forzó a los dirigentes partidistas a explorar fórmulas que permitan que un porcentaje de las prerrogativas del INE sean donadas. Como están las cosas sí ocurrirá. Las consecuencias las conoceremos dentro de algunos meses.

 

Viciados los permisos de construcción
Oaxaca: “ahora sí nos quedamos solos”
INE: los “donativos” de loa partidos

  Cuando pase la emergencia y lloremos a los muertos, será la hora de revisar cómo obtuvieron permisos de construcción algunos de los edificios desplomados, una revisión que debe ser con implacable rigor, para hacer justicia a las víctimas.

  Un edificio colapsado en la colonia Portales estaba parcialmente ocupado porque hace seis meses iniciaron la venta de departamentos. Otro, en Torres Adalid, había sido clausurado en 1985 y de pronto no sólo se “reparó”, hasta le agregaron pisos. Se desplomó.

  Pálidos ejemplos de cómo, pese al endurecimiento de los reglamentos de construcción, con el tiempo en las delegaciones se ha viciado el otorgamiento de los permisos y las indispensables inspecciones. Y veremos que en muchos casos sí hay culpables.