Café Político

 

 

Palacio: fuerte presión a los aliados
Números favorables a la ley Bonilla
¿La inseguridad no desvela a la inversión? 

   Cuando la capacidad de Ricardo Monreal llegó a su límite para impulsar para la CNDH a Rosario Piedra Ibarra, la explícita favorita del Presidente López Obrador, los operadores de Palacio probaron la efectividad de las presiones del Poder.

   En el caso de la reducción de dinero a los partidos políticos, es evidente que la oposición formó un frente difícil de franquear, pero, al tratarse de una promesa de campaña del Presidente, oootra vez entra en acción Palacio Nacional.

   Ya citaron a los dirigentes y coordinadores de los partidos aliados de Morena. En amigables charlas se les explica lo sensato que sería no disgustar a quien apenas empieza su mandato presidencial.

 

 

Seguridad: ¿vamos a perder esa batalla?
Busca la 4T ganar el control total del INE
Resultó neoliberal la Procuraduría Agraria

  Las reacciones del gobierno y de los actores políticos de la República parecen demostrar que, sin importar la preocupación social por la inseguridad, se vuelve imposible el consenso sobre combatirla.

  El gobierno de la República y sus partidarios se aferran a las premisas del “abrazos, no balazos”, a pesar del choque de realidad del affaire Culiacán y la masacre de la familia Lebaron. Y los actores políticos medran con ellos.

  Mientras, crece la percepción de que - oootra vez-, los enfrentamientos de las élites políticas, al hacer imposible un acuerdo, llevan a la Nación a una batalla que, según la percepción de la mayoría, ya está perdida.

 

 

Delicada variable del caso Lebaron
¿Ajustará Pemex su plan de negocios?
¿Una CNDH militante y activista?

  A pesar de la salvaje brutalidad desplegada por los agresores de la familia LeBaron que asesinaron a tres mujeres y seis niños, el gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador no está dispuesto aún a revisar su estrategia de seguridad.

  Tanto el Jefe del Ejecutivo Federal como su gabinete de seguridad pretenden ignorar la difusión de la masacre en medios internacionales, los cuales clasifican como norteamericanos a las nueve víctimas.

  Pretenden ignorar que en Estados Unidos viven tiempos políticamente delicados y el eventual impacto del caso Lebaron en la relación bilateral, tan expuesta al oportunismo político electoral de Washington.