Café Político

 

 

Ejército: cuando de modos se trata
Peralta: ¿otra vez la disolución social?
¿Quién maneja al reumático elefante?

 

   En 1981, en medio de la turbulencia de la cercana sucesión, se agitó el mundo político porque un alto mando del Ejército, en una reunión en Veracruz, aclaró que “constitucionalmente, no hay ningún impedimento para que un militar pueda llegar a la Presidencia por la vía del voto”.

   Era tal la agitación que una amiga del Presidente José López Portillo, la periodista Olga Moreno, comunicó a su amigo lo ocurrido. López Portillo luego de ordenar un informe a su Jefe del Estado Mayor Presidencial, Miguel Ángel Godínez, llamó a Sedena.

   Al día siguiente citó a conferencia de prensa el titular de Sedena, general Félix Galván López. Declaró: “entre los soldados de México no hay ambiciones políticas”. Se acabó el escándalo. Otros tiempos, dirán, sí, pero también otros modos.

 

 

Cambio de tema, ya, ya, ya
Diputados, dinero para la 4T
CNDH: exige rectitud intelectual 

   Con un tuit en tres partes, metáforas, conjeturas y extrapolaciones históricas sobre las posibilidades de un golpe de Estado, el Presidente Andrés Manuel López Obrador sacudió la ociosa serenidad del Día de Muertos.

   Provocó acalorada discusión sobre un tema que, salvo algunas narrativas ideológicamente motivadas de algunos exaltados radicales, hace casi un siglo que no forma parte de la realidad de la vida política nacional.

   Aunque estalló el sospechosismo, posiblemente sólo sea una maniobra para zafarse del tema Culiacán que, al parecer, sacudió al gobierno más de lo previsto. Empero, darle ese giro al tema revive la pregunta hecha en este espacio: ¿qué quieren de los militares?

 

 

Culiacán: ¿están contra las cuerdas?
IMSS: la tentación de testerearlo
Las Inercias del ministerio público 

   Aunque el tema de la mañanera de ayer era el affaire de Culiacán, fue hasta casi el final de una larga conferencia de prensa que el Presidente Andrés Manuel López Obrador confrontó a reporteras y reporteros.

   Se exaltaron los ánimos. Por momentos el Presidente lució impaciente, y, por primera vez estuvo a la defensiva, lo que le dio al diálogo una inusitada rispidez.

   Tanta que, por orden de su comandante supremo, el Secretario de la Defensa hizo público el nombre del oficial responsable de los operativos contra el crimen organizado. Indiferencia civil a las consecuencias.