Café Político

 

 

¿Quó vadis? Sabremos el domingo
La futilidad de las teleconferencias
Se topa la 4T con la terca realidad

   Como en los viejos tiempos del partido hegemónico del siglo pasado, ninguna dependencia del Gobierno de la República adelanta información sobre el contenido del informe anunciado por el Presidente de la República para el próximo domingo.

   Aun así, es evidente que hay muchas decisiones que no han sido tomadas por el Presidente Andrés Manuel López Obrador, como lo prueba que ayer recibió a los dirigentes empresariales para recibir sus propuestas.

   A pesar de su tono rijoso en la narrativa de esta semana, el Presidente Andrés Manuel López Obrador sabe que está en un cruce de caminos. Sólo él decidirá por cual llevará a la Nación.

 

 

Cualquier programa deja damnificados
Nadie nos madruga, dicen en CDMX
¿Habrá ventiladores hechos en México?

   Nadie puede exigir lo imposible, en un país como México, todo programa para resolver crisis económicas, como un general que planea una batalla, sabe que las bajas serán inevitables, sólo hay que procurar que sean las menos posibles.

   Se afirma que los programas para enfrentar la crisis económica los anunciará el Presidente Andrés Manuel López Obrador el próximo domingo. Nadie espera que olvide las prioridades transformadoras de su gobierno.

   Si le podemos exigir que los daños en la economía real, quiebra de empresas y pérdida de empleos, sean los menos posibles. Para ello debe soslayar las telarañas ideológicas, como las de la SPTS, que no distingue entre pequeñas y grandes empresas.

 

 

IP: el mismo barro, no el mismo molde
Agendas del Gobierno de la República
Crisis económica: ¿cerrarán los ojos?

   Tal parece que la realidad empresarial la analizan en Palacio Nacional bajo la óptica de los prejuicios ideológicos para rechazar cualquier asistencia a las empresas en esta crisis económica y de salud.

   Prejuiciosos, se niegan a considerar que las pequeñas empresas son las generadoras de la mayoría de los empleos de la República, pero también las más frágiles, y les exigen cubrir las nóminas, igual que los grandes empresarios.

   Al Gobierno no le importa que se arruinen miles de pequeñas empresas, por no poder pagar las nóminas de un mes. La óptica ideológica no distingue que los empresarios pueden ser del mismo barro, pero los pequeños no son del mismo molde.