¿Qué le pasó?

  Las pasadas semanas han sido difíciles para el dirigente nacional de Morena Andrés Manuel López Obrador, lo cual parece haber hecho mella en su ánimo, al extremo que un político con tanta experiencia en campaña ha empezado a tener desencuentros con los medios de comunicación.

  El desencuentro con José Cárdenas en Radio Fórmula sorprendió, pues Cárdenas ha sido uno de los periodistas que ha actuado con más objetividad hacia López Obrador. Luego se comportó cortante y grosero con Carmen Aristegui, una de las periodistas que le son adictas.

  Coronó la semana con insultos a toda la prensa, a la cual calificó de “prensa inmunda”.

  Es posible que el mal humor, cuyo origen sólo él sabe, los demás sólo hacemos conjeturas, le haya llevado a cometer un grave error.

  Un grave error porque a 13 meses y semanas de las elecciones presidenciales, el señor López Obrador empieza a convertir su relación con los medios y con los periodistas en algo emocional.

  Así una relación que él debe utilizar en su favor, puede, por el factor emocional que le ha imprimido, convertirse en una variable de la ecuación electoral que obre en su contra. Ni los medios ni los periodistas podrán ser totalmente imparciales, siempre habrá resabios por las descalificaciones.

  Tiene tiempo de rectificar, pero es difícil, porque, como decía don Lázaro Cárdenas, los arrebatos verbales son los que lo meten a uno en problemas.

  Si no rectifica, aunque lo nieguen los seguidores de Morena, los medios y los periodistas pueden hacerle más daño electoral del que haya calculado el señor López Obrador.

  Al menos el suficiente para que, otra vez, no le alcancen los votos para ganar la Presidencia.