Envenenados por el rencor

  A doce meses doce días de las elecciones presidenciales están a toda marcha las tácticas y estrategias de las fuerzas políticas, económicas y sociales de la República.

  Así las reflejan los medios de comunicación, donde se manifiestan una cacofónica mescolanza de voces en la ansiosa búsqueda de avanzar en sus objetivos de estar bien posicionados para el proceso electoral que arranca formal y legalmente el uno de septiembre.

  Aunque algunos pretendan ignorarlo, siempre ha sido así. Es en los medios de comunicación donde se libran las batallas para ganar ventaja en la opinión pública.

  Hoy, sin embargo, es preocupante que muchas inteligencias lúcidas estén dedicadas a dinamitar las instituciones creadas hace más de dos décadas, las instituciones que hicieron realidad aquello del sufragio efectivo.

  Es una injusta e inmoral ofensiva contra el Instituto Nacional Electoral y contra el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, instituciones que han permitido dirimir, no sólo legal y constitucionalmente, sino también ordenada y civilizadamente los conflictos derivados de los procesos electorales.

  Algunos, a quienes conozco y respeto, me han sorprendido con la virulencia de su crítica, la cual entiendo por sus añejas fobias partidistas, pero no los excusa de publicar despropósitos irresponsables como que “las autoridades electorales son sumisas al poder del Ejecutivo Federal”.

  Lo grave es que lo publican a sabiendas que es una mentira. Una medida de cómo han sido envenenados por el rencor que ha contaminado a la política nacional.