DOMINGO

Proyecto de nación

   Como toda obra humana, los sistemas y programas de gobierno distan mucho de ser perfectos. Y, de tiempo en tiempo, hay que ajustarlos a la cambiante realidad, nacional e internacional, a los tiempos y a las necesidades también cambiantes.

   Es lógico que tanto el Presidente Andrés Manuel López Obrador, como sus seguidores, consideran que los 30 millones de votos fueron por su proyecto de nación, y no simplemente porque la mayoría de los votantes que sufragaron por ellos, por las más diversas, y hasta contradictorias razones, estaban contra el gobierno anterior.

  Como sea, el Presidente López Obrador se ganó en las urnas el derecho a poner en práctica su proyecto de Nación, el cual, aunque sea políticamente incorrecto decirlo, todavía no puede definir el perfil del nuevo régimen que dicen construir.

   Para algunos es un retroceso a la presencia hegemónica del Estado en la sociedad, para otros es solamente la anhelada recuperación de la rectoría del Estado que, juzgan, se perdió en los pasados 30 años.

   El problema central que tiene el gobierno lopezobradorista es que al no definir el perfil exacto del régimen que construye, da bandazos en los económico, en lo social y hasta en lo político.

   Vamos ni los más devotos ideólogos de la izquierda le encuentran este perfil.

   Y ese perfil lo construyen solamente gobernando. Y para gobernar necesitan un aparato burocrático, eficiente y eficaz, porque sin eficiencia, eficacia y férrea disciplina de trabajo en el gabinete, los cambios que se propone el Proyecto de Nación del Presidente López Obrador se quedarán en una lamentable intentona de cambio. Y, podrían abrir el camino a posiciones radicales de sus partidarios y de sus adversarios.