Domingo

 

Separados nos aplastarán

  Hace tiempo, quien esto escribe ha confesado que nunca había entendido cómo fue que los mexicanos del México de hace 170 años no habían sido capaces de unirse para cuando menos ofrecer una resistencia que hubiera impedido las condiciones brutales que impuso Estados Unidos después que la invasión a México en 1847.

  Una historiadora, amiga talentosa, me explicaba que fue porque entonces prevaleció la discordia entre las élites políticas y sociales de la República, antes que la urgencia de la unidad nacional ante los invasores.

 

No pierden nada

  La avalancha de propuestas, conclusiones y sugerencias sobre cómo conducir la relación con el nuevo gobierno de Washington son propias de una sociedad democrática.

  Algunas son el resultado de análisis, otras ideológicamente motivadas y no pocas sólo obedecen al interés político electoral.

  Todas, como debe ser, merecen respeto y atención. Sin embargo, hay que considerar que los opinantes y proponentes no pierden nada si sus opiniones y propuestas son absurdas y podrían tener resultados desastrosos.

 

Nos es necesaria

  Tiempos nublados, los actuales y los inmediatamente cercanos.

  El ambiente está caldeado, por el explicable descontento por el aumento a las gasolinas, pero también porque por las razones más diversas, cada quien las suyas, se alienta la indignación.

  No hay día en que no escuchemos de diagnósticos que nos dicen que todo está mal. Cierto, hay dificultades económicas, pero, como dijera Joaquín López Dóriga el pasado miércoles, pese a todo, a diario van millones de niños y niños a la escuela; a diario van millones de personas a sus trabajos y a diario el comercio interno y externo hace que fluyan miles de millones de dólares en el sistema bancario y financiero. La vida sigue.