Café Político

 

 

Corcholatas: ¿quién pompó, dice el clásico?
¿Negocian con EU acuerdo de “cielos abiertos?
Plan B, el tiempo está a favor del Gobierno

  En la competencia alentada por Palacio para que les favorezca la Gran Encuesta -léase dedazo-, las presidenciables corcholatas han empezado a presumir apoyos a lo largo y lo ancho de la República, especialmente en los Estados que gobierna Morena.

  A su estilo, cada corcholata, creó ya estructuras distritales y en las principales ciudades para disponer de su propia organización para hacer la campaña, si, como decían hace medio siglo, “la voluntad del pueblo le unge con la candidatura”.

  Para no adelantar vísperas, no hay denuncias ante autoridades electorales, por derroches ni nadie pregunta de dónde sale el dinero. A las corcholatas sólo les preocupa que, en una mañanera, el clásico de Palacio preguntara: ¿quién pompó?

 

 

Democracia: la Corte, última línea de defensa
“Los servidores”, carta cardinal para 24
Constitución, un pacto político: Córdova

  Calculado el desaire presidencial a la Presidenta de la Suprema Corte de Justicia Norma Piña, igual que la campaña del oficialismo que sin pudor utiliza el reyesheroliano axioma de “la forma es fondo” para criticar su presunta descortesía.

  Aunque es un inconveniente la confrontación entre dos Poderes de la Federación, es probable que en Palacio Nacional descubran que calcularon mal al provocar intencionalmente la gresca contra el Poder Judicial.

  Al dejar a la Suprema Corte como última línea de defensa de la incipiente democracia construida desde hace 25 años, la gresca presidencial podría ser el catalizador para contener las pulsiones autoritarias de la mal llamada “revolución de las conciencias”.

 

 

Claves para la estabilidad macroeconómica
Salud: ¿ya le dijeron al Presidente?
Siempre son lucidoras “las pasarelas”, pero…

  Uno de los éxitos del actual Gobierno es la disciplina en el manejo de las finanzas públicas que ha resultado en un conveniente equilibrio que, pese a las dificultades ha propiciado la estabilidad de la macroeconomía.

  Para lograrlo ha puesto en prácticas las recetas ya probadas en pasadas crisis: la migración, cuyos envíos monetarios apuntalan las economías de decenas de miles de familias, la otra es la economía informal que permite lidiar con la desocupación y el desempleo.

  Así, no alcanzaría el dinero, de no haber confiscado los fondos para contingencias acumulados durante una generación, cientos de miles de millones de pesos que están por agotarse. A 19 meses del fin de sexenio, sin crecimiento, dirán: “después de mí, el diluvio”.