Café Político

 

 

Percepción es realidad, dicen en Palacio
Juran ir contra “caciques sindicales”
Sheinbaum, ¿cuánto terreno debe ceder?

  Ni la dialéctica poselectoral que confrontó a Morena con el gobernador michoacano Silvano Aureoles cambiará la partitura presidencial que usa su inagotable capacidad para el juego de humo y espejos de la política.

  No alterará su estrategia, se concentrará en su agenda, porque ya sentenció al michoacano, y continuará con diaria tarea de generar teorías distractoras de los cada día más serios problemas del sector salud y por la imparable violencia criminal.

  Durante más de 30 meses sus teorías para el juego de humo y espejo han funcionado y con algunos tropiezos, resistieron las elecciones intermedias veremos si resisten a la realidad, pues decía Nehru, las teorías deben templarse en la realidad.

 

 

Estructural, no ideológico, control CDMX
“Ley Zaldívar”, segunda llamada, segunda
Bienestar, larguísima curva de aprendizaje

  Cuando Cuauhtémoc ganó para las izquierdas del siglo XX el gobierno de la Capital de la República, sus operadores políticos asumieron el mando de las estructuras corporativas construidas por el PRI para el control político.

  Con el tiempo, los sucesivos jefes del gobierno capitalino fueron puliendo los mecanismos de control de organizaciones de dulce, de chile y de manteca, a las que sumaron sus brigadas de invasores de edificios y despojo de viviendas.

  “CDMX es de izquierda”, dice Mario Delgado. Con la pena, no, nada románticamente ideológico; pero nadie reconocerá que se les descontroló la rebatiña de ambiciones morenistas y en la boruca dejaron oxidar las estructuras de control político y perdieron la mitad de la ciudad.

 

 

Flaca caballada opositora para el 24
Irma Eréndira perdió la lucha palaciega
Vieja historia, “alguna vez en Nicaragua”

  Al Partido Oficial no le importa si la caballada está flaca para la sucesión presidencial, porque el poder presidencial es suficiente para forzar aumento de peso al aspirante que quiera.

  La oposición, quizá padecerá lo que en Estados Unidos sufrieron los demócratas que atropelló en dos elecciones consecutivas el carismático Ronald Reagan, perdieron en 1988 con Bush padre y hasta 1992 con Bill Clinton volvieron a la Casa Blanca.

  Una tontería gritarle a la oposición: “tu caballada está flaca” y no reconocer lo milagroso de que, tras la tormenta perfecta de julio de 2018, tenga signos vitales. Los impacientes deben recordar que en democracia no hay derrota ni triunfo definitivos.