DOMINGO

Inflación, variable electoral

  La semana pasada, al anunciarse el aumento de tasas de interés en Estados Unidos, la FED -Reserva Federal de Estados Unidos, equivalente a la Banca Central de otras naciones, advirtió que el objetivo de esa decisión era reducir la inflación, sabedores que podría alentarse la economía, pero que “no hay medida contra la inflación que no sea dolorosa”.

  Aquí, los tiempos políticos hacen altamente improbable, si no es que imposible, que esa advertencia se haga a la población que cada vez sufre más los efectos de la carestía que ha empezado a reducir el poder adquisitivo de una sociedad ya empobrecida por la pandemia y las políticas públicas del Gobierno de la República.

  Reconozcamos, empero, que, a pesar de la narrativa de “no ser iguales” que les impide adoptar medidas que en otros tiempos al menos paliaron la inflación, en Palacio Nacional han hecho acuerdos con empresas productoras y grandes comercios,  para intentar poner un tope a los productos más demandados por la población.

  Veremos que tanto logran al menos reducir el ritmo de los aumentos de precios, pero el gran riesgo es que la economía de Estados Unidos sufra un estancamiento, por ligero que sea, pues el daño seria mayor en México.

  Como a todos los Gobiernos del mundo, al gobierno mexicano le angustia que la carestía se extienda hasta marzo del 24, como predicen algunos analistas de Estados Unidos, pues la inflación se transformaría en variable electoral contra la cual no hay narrativa que valga.