Café Político

 

 

Revolución convertida en Presidencia Imperial
A confesión de parte, relevo de pruebas
Por migrantes, probable crisis humanitaria

  Imaginemos varias máquinas de pitcheo y atisbaremos los moditos de la ofensiva electoral del Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien usa su expertise para lanzar simultáneamente curvas, rectas, rápidas y cambios de velocidad.

  Trata de recuperar la iniciativa que le quitó el hackeo de “Guacamaya Leaks” y, por igual, urde reformas; insulta, agrede y descalifica a los medios y a periodistas; que provoca al Congreso o mueve el aparato propagandístico oficial contra cualquier crítico.

  Es tal la ansiedad por el control de la agenda nacional que el Presidente López Obrador usa sus facultades constitucionales y las metaconstitucionales con tal vigor que el resultado es que “la revolución de las conciencias cada día se parece más a la Presidencia Imperial del siglo XX”.

 

 

Inseguridad podría hacer pírrico ganar el 24
PRI: somos de los mesmos, pero devididos
Sigilosos, preparan Reforma Judicial

  Aquel 17 de octubre de 2019 “el culiacanazo” canceló la posibilidad de que el Presidente Andrés Manuel López Obrador cambiara su política de enfrentar con programas sociales a las bandas del crimen organizado.

  La liberación de Ovidio Guzmán evitó un sangriento enfrentamiento en las calles de la capital sinaloense; pero creó las condiciones para el crecimiento desmesurado del crimen organizado, hoy erigido en gobierno paralelo en tantas comunidades de México.

  Esa realidad, lo sabe el Presidente, no la cambiará con “abrazos no balazos”. Si no supera “el culiacanazo”, heredará al próximo gobierno un país con regiones sujetas al crimen organizado. Y ganar la Presidencia sería un pírrico triunfo.

 

 

¿Cómo blindar del crimen organizado al 2024?
Inflación, no tienten al lopezobradorismo
Pegasus: para un barrido, para un fregado

  En el resultado de la elección de gobernador de Sinaloa de junio de 2021 fue decisivo el rol de uno de los cárteles sinaloenses al “levantar” y retener durante 24 horas a operadores clave del aparato del PRI.

  Hubo denuncias sin denunciantes oficiales y, por las razones de siempre, convenientemente se volvió políticamente incorrecto sugerir que lo mismo pudo pasar en alguna otra entidad, aunque sí lo sepan los órganos del Gobierno de la República.

  El asunto es lo suficientemente grave como para que, a riesgo de ser incluido en la lista de “adversarios”, preguntar qué hace Palacio Nacional para blindar a la elección presidencial de la maligna y disruptiva influencia de las bandas del crimen organizado.