Café Político

 

 

No quieren cabos sueltos en la sucesión
Reforma Eléctrica: algo hay tras la derrota
¿Suple la AFL-CIO al viejo corporativismo?

  El proceso de la sucesión ya está contrarreloj, parece ser la conclusión en el oficialismo, cuyas confrontaciones ejemplifica la contrademanda del exconsejero jurídico de la Presidencia Julio Scherer contra el fiscal Alejandro Gertz Manero.

  Innegable el activismo de los aspirantes, enlistados y no enlistados, pero la profusa difusión de la contradenuncia de Scherer parece apuntar a la decisión de ir eliminando los cabos sueltos en casos que podrían resurgir en la campaña.

  Complejo será que, al tiempo que Palacio neutraliza los sexenales cabos sueltos, haga medianamente creíble que la militancia decide la sucesión y evita que las ambiciones desatadas y el tribalismo en el ADN de Morena descarrilen el proceso. Como cambiar la llanta con el coche en movimiento.

 

 

Tras medio siglo Palacio revive al tapadismo
México, en mayo asegura su otra frontera
SEP: inadmisible divertimento educativo

  Ha transcurrido más de medio siglo desde que la Presidencia manejaba la figura del “tapado”, para escoger al candidato del PRI, candidatura que, contra las leyendas de Palacio Nacional, invariablemente consensuaba con los grupos políticos.

  Ya en la década de los ochenta los nombres de los aspirantes se filtraron al público, aspirantes que debían probar capacidad y temple y ganar consenso. Ya durante las alternancias de este siglo la competencia fue distinta.

  Es el Presidente Andrés Manuel López Obrador quien revive el tapadismo al enlistar a Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard y sugerir que podría haber un tercero o un cuarto. “Tapadista” y cruel incertidumbre que da aún más poder al Ejecutivo.

 

 

Irresponsable el discurso del odio
Acuerdo por auto abasto, tarde, pero sin sueño
Sólo con pactos gana Morena elecciones

  Al coordinador de los diputados morenistas Ignacio Mier, a la jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum y otros connotados personajes del oficialismo les parece natural la promoción del discurso de odio que califica como traidores a diputados de la oposición.

  Es una irresponsabilidad fingir no darse cuenta de que su agresiva campaña de violencia verbal fácilmente puede provocar que algunos de sus más exaltados seguidores crean recibir la señal de pasar a la violencia física e irracional de las turbas de linchamiento.

  El oficialismo no podrá decir “así es la política” ante cualquier agresión física a una legisladora o a un legislador y sería inaceptable que la respuesta del oficialismo fuera culpar a la mítica Fuenteovejuna de Lope de Vega.