Café Político

 

 

Ayotzinapa; sin lobo no hay cuento
Sucesión: amor y paz, piden a corcholatas
Una gobernadora para el México real

  Hace 28 años, el doctor Manuel Velasco Suárez, ya exgobernador de Chiapas, describió a un auditorio queretano el levantamiento armado del EZLN con una parábola: “no maten al lobo, porque se acaba el cuento”.

  Tristemente, eso ocurre con el brutal asesinato de los 43 normalistas hace ocho años. Tragedia administrada por el Gobierno de México para apuntalar su “verdad” y así, al tiempo que cumple promesas de campaña, ejerce su ansiada vendetta ideológica.

  No se dan por satisfechos los familiares de los normalistas encabezados hace ocho años por Vidulfo Rosales. Ganan más administrando el conflicto. Ellos y el Gobierno citan a don Manuel Velazco Suárez: “no maten al lobo, porque se acaba el cuento”.

 

 

El quid es la estrategia, no los militares
Indefensos, si doblegan al Poder Judicial
Salud: la ineptitud también es corrupción

  He metido el Presidente López Obrador a la clase política y a la opinión informada y publicada en un falso debate por la participación de los militares en la seguridad pública y alejar reflectores de su fallida estrategia de seguridad.

  Nadie se niega a atender las causas de la violencia: la desigualdad y la pobreza, pero son programas a largo plazo y la creciente presencia criminal exige soluciones hoy.

  Los militares no solucionarán la crisis de seguridad si sigue la necia estrategia de “abrazos, no balazos” y la obsesión enfermiza de rechazar el legítimo y constitucional uso de la fuerza de todo Estado democrático para defender a su población de las cada vez más poderosas bandas criminales.

 

 

Palacio: ¡Atásquense, ahora que hay lodo!
Inflación: la indeseada variable electoral
¿A qué grupo entregarán al Politécnico?

  Cierto, las negociaciones políticas son un lodazal. Sólo recordemos la analogía de Bismarck con la fabricación de salchichas. Por eso, Palacio, seguro que tendrá a los militares en seguridad hasta el fin del sexenio, estimula su “mise en scene” senatorial.

  Deja que exhiban las maniobras sucias de morenistas defendiendo iniciativa priísta, los chantajes para ganar votos y los quid pro quo más desagradables, para desacreditar a todos los de la “mise en scene”, no importa si son oficialistas o adversarios.

  Aunque, como ya se dijo, el debate es irrelevante, al exhibirlos, justifica su rechazo a “inmorales negociaciones” y al diálogo político y desde su muy superior “autoridad moral” grita a todos: ¡atásquense, ahora que hay lodo!