Café Político

 

 

Crisis, es muy temprano para medirlas
A navaja limpia, la campal en Morena
Narcotráfico: ¡atrás los fielders, atrás!

   Explicablemente esperanzador el mensaje de Palacio Nacional, poco realista, dicen los críticos, quizá pero ningún mandatario del mundo imitará a Churchill y va a ofrecerles a los suyos “sangre, sudor y lágrimas”.

   Una opinión mayoritaria de expertos augura no sólo tormentas, hasta ciclones contra la economía mexicana, aun así, los ciudadanos de a pie – o sea casi todos-, sentimos que, ante la incertidumbre global, los gobiernos tocan de oído.

   Bien sabe el Presidente que los cálculos y proyecciones pueden errar, tan lo sabe que se sinceró en reciente entrevista: “Es muy temprano todavía para medir los efectos de la crisis”, así de fluida percibe la situación.  Así de incierto el futuro.

 

 

¿A quién culpar si limitan las mañaneras?
¿Por qué se desharían de Jesús Seade?
Frontera sangrienta y desguarnecida

   Aún recuerdo el júbilo de los legisladores de oposición en 2007 por cancelar la propaganda política pagada en los medios e imponer grandes restricciones a la comunicación y difusión de la Presidencia de la República en tiempos electorales.

   Así aprobaron la reforma electoral de 2007, para paliar la indignación y reclamos del PRD y su candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, pues culpaban a los medios y a Vicente Fox por el resultado de la elección presidencial de 2006.

   Trece años después el Presidente critica las restricciones que a sus conferencias mañaneras impondrá la ley electoral. Tiene razón. Pero un espejo de Palacio mostrará al autor de las antidemocráticas restricciones.

 

 

Morena: ya no la quiero con trenzas
El camino está minado, sabe la Corte
¿Sin cajeros automáticos en Bienestar?

   Asombra que los principales personajes de Morena y respectivos patrocinadores no sean capaces de acatar las sencillas reglas para que el INE, mediante una encuesta, resuelva quienes serán los dirigentes nacionales.

   Inventan pretextos e impugnaciones para no dejar fluir ordenadamente el proceso y, como la cabra tira al monte, intercambian acusaciones, hasta de corrupción, mientras Palacio Nacional sonríe tolerante ante el herradero en su partido.

   No nos metemos en asuntos partidistas, dicen en Palacio, pero, saben que el desorden los perjudica, así que, resignados, se conformarán con hacer una petición más sencilla, coloquialmente expresada: “ya no la quiero con trenzas, nomás que se peine bien”.