Café Político

 

 

Sucesión y el principio de Machado
Contra Poder Judicial, por dinero
A Mier lo traicionó el subconsciente

  En los años dorados del tapadismo, los Presidentes empezaban a manejar el proceso de la sucesión desde el primer día de su mandato, pero nunca se les descontrolaba, pues guardaban “in pectore” su preferencia.

  Hoy, cuando, pese a apasionadas negativas, el Gobierno de la República adelantó la sucesión, al crear moderna visión del histórico tapadismo ha generado una atmósfera estresante para aspirantes y para el conductor del proceso.

  Alguien olvidó al poeta Manuel Machado y sobrestimó el temple presidencial y del oficialismo, al suponer que resistirán impávidos el estrés durante los próximos once meses. Dijo Machado: “a fuerza de muchos golpes, hasta el hierro se quebranta”.

 

 

Adán Augusto siembra, ¿para quién?
Error del INE y los zopilotes oficiales
¿Quieren al Gobierno como Gran Elector? 

  En este espacio se comentó hace semanas la reacción de los gobernadores luego de recibir la visita del Secretario de Gobernación Adán Augusto López, reacción que se traduce en discreto intercambio de dudas entre los mandatarios.

  Si, pide aprobar la “reforma militar”, como en los años dorados del tapadismo del siglo pasado, el inquilino de Bucareli les deja mensaje: “el señor Presidente confía en su respaldo a quienquiera que gane la candidatura de Morena a la Presidencia”.

  Imposible negarse, pero eso no evita que se pregunten si el mensaje hace de don Adán Augusto algo más que el portador de un mensaje, mientras en Palacio parecen disfrutar al ver como en el oficialismo cunde la cruel incertidumbre.

 

 

La discordia de la sucesión amenaza a Morena
Ayotzinapa: con alfileres la “ versión Encinas
La “ola roja”, de dulce, de chile y de manteca

  Convocó el dirigente nacional de Morena a mantener la paz interna en el Partido Oficial, al detectar que al adelantar el proceso de sucesión subestimaron los efectos de esa decisión en la conducta de los fieles “a la revolución de las conciencias”.

  El pragmatismo de los más fogueados grupos morenistas les hace buscar la conexión que al menos les asegure un cierto futuro en el próximo sexenio y desesperados buscan congraciarse con los afines a quienes disputan la candidatura presidencial.

  Los aspirantes son manejables, porque perderían todo si rompen las pautas de Palacio, no así los grupos, pues estos, al actuar sólo por instinto de sobrevivencia, no entienden razones, y pueden dislocar hasta los impecables planes del Gran Poder.