Domingo

 

 

DOMINGO

Nos tiene bien medidos

  Hasta ahora, el estilo de gobernar presidencial ha alcanzado muchos de los objetivos políticos, los explícitos y los implícitos desde la toma de posesión del uno de diciembre.

  Esa es la paradoja de un Presidente que poco a poco ha concentrado el poder como no se veía desde hace casi setenta años y no afloja en sus intentos de no sólo influencias, sino también de controlar a los otros poderes de la Unión, mientras los temas concretos como la seguridad, la salud y la economía pasan a segundo plano, disimulados en lo que se ha convertido en excepcional despliegue de política espectáculo.

  Como se ha dicho muchas veces en este espacio, el concepto de la Presidencia que tiene el licenciado López Obrador es el de un activista político, lo cual explica muchas de las deficiencias e ineficiencias en la administración pública federal.

  Debe reconocerse que tiene bien medidos a sus adversarios de la oposición, igual que tiene bien medidos a sus críticos en los medios, pues rara vez falla en, como dicen en el futbol, en jalar la marca y hacer que, cada vez que se visibilizan los problemas del México real, lanza provocaciones que de inmediato hacen que en el círculo rojo se discutan los temas que a él le interesan.

  Hasta ahora, como lo demuestra la farsesca “consulta” de ayer, no ha ocurrido nada que siquiera le haga pensar en cambiar su personal estilo de gobernar.

 

 

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Todo es electoral

  Sólo quienes han estado cerca, lo suficiente como para atestiguar los procesos de razonamiento para tomar decisiones de los hombres del Poder pueden explicar algunas de las decisiones de quienes han sido Presidentes de México.

 

 

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Rehén de sus palabras

  Parece que el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha empezado a sentirse atrapado entre su hasta hoy exitosa narrativa y el México real.

  “Si no conseguimos reducir la violencia en el país, no va vamos a poder acreditar históricamente a nuestro gobierno”, dijo la semana pasada en algo que por unos segundos parecía el inicio de una reconsideración de la política de seguridad.