DOMINGO

Violencia verbal

  Hace 27 años escribió Octavio Paz: “la violencia verbal no es inocua, porque de la violencia verbal se pasa fácilmente a la violencia física”. Aquel año sangriento, 1994, los hechos le dieron la razón.

  Hoy más de una generación después la violencia verbal empieza a emponzoñar el ambiente. Cierto, es la violencia verbal, rijosa y pendenciera, propia de las campañas políticas, pero también lo es que no siempre se tiene al frente del Gobierno de la República a un líder carismático como el actual.

  Eso hace culpable de omisión al Presidente López Obrador, pues, aunque es su estilo, no debe olvidar que entre sus millones de seguidores hay fanáticos capaces de cualquier cosa.

  Es inaceptable que el Presidente, sólo por discurso electorero, descalifique a los jueces federales. Lástima que un político tan avezado, por motivos electorales, lance arengas desde Palacio Nacional que, Dios no lo quiera, algún día causarán alguna desgracia.

  Claro, siempre dirá que él no está de acuerdo con la violencia, aunque siga con sus discursos.