DOMINGO

Buen viento y buena mar

  “No creo que López Obrador se meta en el Gobierno de Claudia, Es inteligente, él nunca le haría lo que Cristina (Kirchner) me hizo a mí”, dijo al expresidente argentino Alberto Fernández a la versión México del sitio argentino La Política On Line.

  La pregunta hecha al exmandatario argentino refleja la inquietud casi generalizada consignada en la pasada entrega de referéndum, en la cual se hizo la analogía del incontenible e ilegal activismo del Presidente Andrés Manuel López Obrador con el avance de un portaviones que navegando a toda marcha para detenerse necesita al menos recorrer ocho kilómetros desde que se frenan los motores.

  La interrogante aquí planteada si una vez celebrada la elección, ganara quien ganara, se sosegaría el Presidente o seguiría como el celoso custodio del legado de su “revolución de las conciencias”.

  En la mañanera del lunes 3 de junio, conocida la avasalladora victoria de la doctora Claudia Sheinbaum, candidata presidencial de Morena, el Presidente López Obrador con la intensificación de su activismo pareció confirmar que será el más celoso custodio del legado de su “revolución de las conciencias”, cuya continuación una vez asumida la Presidencia, estará a cargo de aquella a quien escogió como Su Candidata.

 Nadie niega que, desde ahora hasta el 30 de septiembre, constitucionalmente el Poder del Ejecutivo lo tendrá el Presidente López Obrador, pero sus mañaneros dichos multiplican las dudas sobre el margen que dejará durante el período de transición para que la Sucesora pueda gradualmente tener el margen de maniobra suficiente para que coincidan las prioridades de las agendas del Presidente y de la Presidenta electa.

  La machacante convocatoria a sus feligreses para ir a las urnas porque la elección era un plebiscito del Gobierno, el Presidente pareció intencionalmente generar confusión tal que, a la hora de contar los votos que abrumadoramente se depositaron a favor de la Candidata Presidencial de Morena, fuera difícil discernir cuántos fueron por ella y cuántos por el Presidente.

  Razones más que suficientes para la actitud discreta de la doctora Sheinbaum, pues a pesar de que el conteo de votos en los comités distritales confirmó el triunfo avasallador que tuvo el dos de junio, el Presidente López Obrador, desde su púlpito de las mañaneras reanudó la prosecución de las prioridades de la agenda de sus 18 iniciativas que entregó al Congreso para completar el desmantelamiento institucional e incrementar la concentración de un poder escandalosamente discrecional en la Presidencia de la República.

  Aunque repite un día sí y otro también que el uno de octubre se va a su rancho de Palenque, mientras eso sucede, informa que se coordinará con la doctora Sheinbaum para acordar como impulsarán la agenda legislativa en el Congreso.

  Menos tranquilizantes fue que, pese a sus votos de alejamiento total de la política y aislamiento en Palenque, donde afirma que no recibirá a nadie que no sea su familia, para no discutir de política, ya explicó que hará una excepción y que, eventualmente, recibiría a la Presidenta Sheinbaum, pues “es mi Presidenta”, pues implica que él no acudirá a un llamado de “Su Presidenta”, sino que es ella quien debe acudir a él.

  Razones demás para que la doctora Sheinbaum, como en las leyendas televisivas del kung fu, aprenderá a caminar sobre papel arroz, mientras delinea sus planes y programas de Gobierno.

  La doctora Claudia Sheinbaum necesitará temple y carácter para no conformarse con romper el techo de cristal y si, además de la consecución de “la revolución de las conciencias”, quiere pasar a la historia como la Primera Presidenta, pero también como una buena Presidenta.

  Recibirá la Presidencia con una concentración de discrecional poder sin precedente desde que el Presidente Lázaro Cárdenas consolidó el Partido hegemónico del siglo pasado.

  Si somos sinceros, ni sus partidarios ni sus adversarios o el resto de la población tiene idea de cómo utilizará la doctora Sheinbaum el inmenso poder que le lega el Presidente López Obrador, o como lidiará con su mentor, autoerigido en “celoso custodio de la revolución de las conciencias” y dispuesto a dejar la finca de Palenque y ejercer su derecho a disentir.

  Como se dijo en Café Político, a partir del uno de octubre México, en lo político, en lo social y en lo economico empezará a navegar en aguas desconocidas.

 Por el bien de 130 millones de mexicanos: buen viento y buena mar.