DOMINGO

El mensaje fue claro

  No fue sorpresa el triunfo de la doctora Claudia Sheinbaum en la elección presidencial, pero si fue sorpresa que el Partido en el Poder no sólo ganó la Presidencia de la República, sino que una votación aplastante, para todo fin práctico le otorgó la mayoría calificada en el Congreso.

   Más allá de las recriminaciones de los perdedores, para este escribidor la explicación está en la definición que hace Norberto Bobbio del clientelismo en su “Diccionario de Política”: clientelismo es “la red de fidelidad obtenida a través del uso que hace la clase política de los recursos públicos”.

 Hace más de 20 años, un sacerdote, mi hijo Jaime (QEPD), quien ejerció su ministerio en Netzahualcóyotl, me comentó: “esta gente tiene muchas necesidades”. Reconozcamos que los programas sociales del Presidente Andrés Manuel López Obrador, descalificados como clientelares por sus críticos, en realidad han contribuido, si no a resolver, si a paliar esas necesidades.

 Así, como los norteamericanos, después del ataque terrorista sufrido el 11 de septiembre de 2001 cedieron libertades a cambio de la seguridad que les ofrecía la “ley patriota”, los votantes mexicanos probaron la exactitud de la afirmación de Bobbio. Fueron a las urnas el 2 de junio a votar abrumadoramente por Morena.

  La votación del pasado 2 de junio no fue, como dice el oficialismo, un mandato al Presidente, a la Presidenta Electa y al Partido en el Poder para continuar con “la revolución de las conciencias”, fue un mensaje más realista y practico al Partido en el Poder.

  La gran mayoría de los 36 millones de personas que votaron por Morena fueron a las urnas para mostrar la fidelidad a que hacía referencia Bobbio. El mensaje fue claro: “mientras sigan entregándonos apoyos económicos que palian necesidades, cambien lo que quieran, les damos un cheque en blanco”.

  A Palacio Nacional no le importa si es mandato o cheque en blanco y enérgicamente coordina y modula la estrategia y la táctica que permitirán continuar con lo que, acertadamente describió la Presidenta de la Suprema Corte Norma Lucía Piña Hernández como “la renovación al Estado desde sus cimientos”.

  Esa renovación es el elefante en la sala que todos fingen ignorar, porque la incurable tendencia de fin de sexenio es suponer que en el próximo todo será mejor. Este escribidor confiesa desconocer los límites de la renovación del Estado desde sus cimientos y, como sostuvo en entregas anteriores, sólo sabe que los procesos político ideológicos en marcha llevarán a la Nación en aguas desconocidas, razón para afirmar no que el futuro en el próximo sexenio será mejor o será peor, sólo que será distinto, quizá más de lo que suponemos.