DOMINGO
Ante dos ciudades
Estamos en el umbral de la histórica Presidencia de la doctora Claudia Sheinbaum, quien, obsecuente no objeta las radicales reformas constitucionales impulsadas y empujadas por el Presidente Andrés Manuel López Obrador, con las cuales se sientan las bases de un radical cambio de régimen político.
Sería irracional que las objetara, pues cada artículo de la Constitución que cambia elimina un contrapeso al ejercicio de la Presidencia de la República y ha quedado más que claro que, una vez aprobado el plan C del Presidente López Obrador, el uno de octubre ella, al asumirá la Presidencia de la República más poderosa en más de 70 años.
Y, haiga sido como haiga sido, por obra y gracia de casi 36 millones de votos depositados en las urnas a favor en la elección presidencial del 2 de junio pasado a favor de la doctora Claudia Sheinbaum y del lopezobradorista proyecto de ese invertebrado gaseoso que han llamado “la revolución conciencia”, la Nación entra en aguas desconocidas, desconocidas para casi 100 millones de los 130 millones de mexicanos de hoy, pues no conocieron cómo se ejerció la Presidencia Imperial de hace casi 70 años.
Sin embargo, la Presidenta Claudia Sheinbaum heredará una Presidencia lastrada por los saldos negativos por las insuficiencias de muchas de las políticas públicas del gobierno lopezobradorista, amén del reto de tener que imponer su autoridad política a tantos que, con razón, creen deberle más lealtad al fundador y creador de Morena que a la primera mujer Presidenta.
Mucho carácter exigirá lidiar con la emponzoñada herencia del fracaso de la sexenal política de seguridad, de proseguir con la incipiente reconstrucción del sistema de salud pública que por poco colapsan la necedad ideológica y la ineptitud administrativa, las insuficiencias educativas y una economía que, por razones diversas no crecerá lo suficiente como para sufragar las crecientes exigencia del Estado de Bienestar.
Hasta hoy ha lidiado inteligentemente con un Presidente a quien debe todo, pero que, contrario a la mañanera narrativa, su naturaleza ha hecho imposible todo el sexenio y hasta el último día de su mandato que ceda un milímetro de poder. Ha sido, es y quizá será como el nogal descrito por dijo Antonio Gala, el árbol a cuya sombra no crece nada.
Difícil saber su comportamiento cuando, forzado por sus palabras, aunque sea temporalmente, cuando el Presidente tenga que irse a una vida de presunto ermitaño en Palenque. Será problema de la doctora Sheinbaum.
A los demás nos resta esperar los tiempos desconocidos de una Presidenta que no tendrá contrapesos para ejercer el Poder.
En esos tiempos desconocidos descubriremos como utiliza la doctora Claudia Sheinbaum los inmensos poderes de la Presidencia que asumirá en octubre.
Tiempos desconocidos que, como hablamos del futuro, describirlos dependerá mucho de a quienes escuchamos.
Quizá lo más sensato será describirlos con las palabras con que Charles Dickens inicia su “Historia de Dos Ciudades”: “Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad, la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”.