DOMINGO
Legado
“El extremismo a la hora de opinar ha llegado a tal grado que pareciera que la izquierda vive en un mundo y la derecha en otro completamente distinto”, sostuvo en la FIL de Guadalajara de 2019 la politóloga Blanca Heredia.
Aunque en aquel momento su objetivo era argumentar a favor de la necesaria reorganización total de la arquitectura institucional para cumplir con lo que lo que consideró “es obligación de la IV-T hacer un cambio, al ser respaldada por millones de mexicanos”.
Afirmación premonitoria que fue confirmada con el sistemático desmantelamiento del entramado institucional construido durante el cuarto de siglo que duró la efímera “primavera democrática” de México.
A casi seis años de distancia de aquella FIL de Guadalajara, como muchos que se entusiasmaron cuando asumió el poder el Movimiento de Regeneración Nacional, a regañadientes han tenido que reconocer que el lopezobradorismo no sólo logró en cinco años cambiar el régimen político de la República y revivir la Presidencia Imperial, también hizo de Morena un partido, “casi hegemónico”, como fuera el PRI durante ocho décadas del siglo 20.
Sin embargo, a un año de su arrollador triunfo obtenido en las elecciones presidenciales de 2024, la implacable realidad muestra que la Presidenta Claudia Sheinbaum, junto con una Presidencia infinitamente más poderosa que la asumida en 2018 por expresidente López Obrador, recibió también un legado que es una tóxica mezcla de éxitos políticos y de fracasos administrativos, económicos y sociales.
En desacuerdo con la ideología de Morena, quien esto escribe no votó por la Presidenta Sheinbaum, pero aun así juzga injusto que el tóxico legado del lopezobradorismo no permitió que la primera Presidenta de México disfrutara durante los primeros meses de su Gobierno de la llamada política luna de miel de que disfrutaron todos sus antecesores, como todos sus antecesores.
A la incertidumbre en la crucial relación con el Gobierno de Donald Trump y las presiones que tengan la relación bilateral, se suman recoger el tiradero en seguridad y salud, el lastre de las fallidas magnas obras del sexenio, el déficit sin precedente de las finanzas públicas y todo, se suman las dificultades que le genera su sentido de lealtad que le ha obligado a lidiar con un gabinete en el que algunos parecen atender una agenda distinta a la presidencial.
Quizá está cerca la Presidenta Sheinbaum a un punto de inflexión que podría definir su sexenio. Quizá deba empezar por obligar a su gabinete, a su partido y a los gobernadores a apagar los fuegos cuando apenas sean chispa, recordando que, salvo excepciones, todos los conflictos a la vista tienen patrocinadores, que la mayoría de los actuales son fuego amigo y parecen pedir a gritos un manazo presidencial.
Quizá la Presidenta deba decidir cuál imagen prefiere legar como la primera mujer que gobierna la República.